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Hoy en día el trabajo no está condicionado a una oficina, o un despacho, ni siquiera a unas horas determinadas. El cloud ha entrado en nuestras vidas de una manera brutal, incluso los reacios a emplear el cloud no son conscientes que lo utilizan en muchas de sus redes sociales, sistemas de almacenamiento, y otros servicios web que damos por normales. El entorno cloud ha provocado que podamos consumir servicios desde cualquier lugar, en cualquier momento y desde cualquier dispositivo. ¿Y este cambio cómo ha afectado a tu vida laboral?

Es curioso pero no somos conscientes de esta irrupción en nuestras vidas privadas. A ver ¿Quién no se ha puesto a contestar una duda de un compañero de trabajo por WhatsApp a las 9 de la noche? ¿Alguno contesta correos a clientes mientras prepara la cena de los niños? ¿No te has dado cuenta que vas pegado al móvil y al ordenador todo el día? El cloud nos ha ofrecido una accesibilidad inmediata a los datos corporativos y a las personas, esto ha provocado la prolongación de nuestras jornadas laborales hasta el infinito. Yo he llegado a hacer videoconferencias en el cumpleaños de un amigo de mi hijo, hacer presupuestos en el banco de un parque, solucionar un problema de una plataforma desde el coche aparcado en la cuneta de la carretera. La verdad es que haciendo repaso a los lugares más extraños desde donde he trabajado me hago la pregunta siguiente. ¿En qué lugar y momento tendré que sacar mi portátil para solucionar un problema o resolver una duda? ¿Comprando en el supermercado? ¿En una reunión de amigos en un bar tomando unas cañas? ¿A las 4:00 de la mañana en la cama? Perdón, este ya lo he hecho, y varias veces.

En resumen la tecnología cloud ha sido muy buena, nos permite a un precio razonable tener tus servicios 24 horas activos y funcionando ¿pero las personas estamos preparados para estar 24 horas? Ya te digo que no, por ello para controlar toda esta carga hay que desconectar. Hay momentos en el día a día que son sagrados y no deben ser «tocados». Hay momentos familiares que aplico una regla donde no puedo tocar tecnología y realizo una «desintoxicación tecnológica», el móvil y el portátil se mantienen apagados. Disfruto de la familia y de mis momentos con ellos. Otro momento es cuando practico mindfullness y procuro ser consciente del momento presente que estoy viviendo sin ningún objetivo, nada más ser consciente de mi mismo. Tal vez todo esto parecerá insuficiente pero realmente estas dos pequeñas técnicas me ayudan mucho a estar al pie de cañón y con ánimos para los siguientes retos que me esperan mañana. El cloud no descansa nunca.