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Ya ha finalizado la vacaciones, todo vuelve a la normalidad, y sin embargo seguimos achicharrándonos. Como siempre echo la culpa a mi querido país «España». Y es que España tiene sus peculiaridades, por ejemplo, en pocos paises desarrollados el mes de agosto es casi inhábil para los negocios. Llamas preguntando por el tato, y no está ni el tato. Otras cosas que alucino como se defiende la picardia como medio de subsistencia por encima de la moral. Que si le hago el cambiazo a Amazon por un IPhone de arcilla, pues se lo hago. Y toma ya! Olé tus cojones!

Cobrar una factura en agosto

 

El otro día hablando con un colega de toda la vida y que se ha recorrido medio mundo estudiando y trabajando había acabado trabajando para una universidad española, que no pienso nombrar. A ver si alguno se siente ofendido… bueno, pues sigo. Me decía que estaba alucionado, el mes de agosto había intentado ir a trabajar a su despacho, pero ESTABA CERRADO y no le dejaban entrar a trabajar. Por que era AGOSTO! Y preguntó y ¿qué hago? Pues le dijeron que cogiera más vacaciones! Toma ya! Con un par! Otra cosa que me desquicia es intentar cobrar una factura en agosto. En mi mundo de emprendedor con cuentas ajustadas y haciendo malavares con las finanzas, llega agosto y te rompe todo, no hay ni Dios que pague una factura en agosto, te dicen que esperes a septiembre que el financiero vuelva de vacaciones.

Los superfuncionarios son aquellos a los que la ciudadanía le debe respeto y admiración

 

Bueno, y si requieres algo de la administración pública! Yo tengo una teoría, y es que allí sólo trabajan unos pocos que son lo que soportan el chiringuito. Son los superfuncionarios a los que toda la ciudadanía le debe respeto y admiración, porque son lo pocos que realmente sienten su dedicación pública y se matan por hacer la cosas. Espero que cuando vayas a una ventanilla tengas la suerte de encontrarte con un superfuncionario. Son aquellos que no pierden la sonrisa y les acompaña un brillo en los ojos. Porque sino… la llevas cruda.

Tengo tras de mi a un magnífico equipo de profesionales que no aceptan regalar su trabajo

 

En el mundo de los negocios ser honesto implica pagar un precio. Un precio, porque el cliente intentará no serlo contigo, intentará que hagas el trabajo por menos dinero del que vale con la simple excusa de que tiene presupuestos más bajos al tuyo, aunque sea mentira. Respecto a esta situación ya he aprendido la lección, vale, la respuesta es simple: «coge el más barato». Yo he estudiado mucho y sigo estudiando para mantener un nivel profesional que debe pagarse. Ese es mi precio. Además tengo tras de mi a un magnífico equipo de profesionales que tampoco aceptan regalar su trabajo. 

Ser un honesto emprendedor aquí es muy duro

 

España no vamos a negarlo, es un país donde la honestidad brilla por su ausencia, somos la España del Lazarillo de Tormes. Ir de cara en este pais es caro porque siempre habrá alguien que te la parta. Todavía me escandalizo cuando veo a alguien que fanfarronea con que ha podido tomar el pelo a su compañía de seguros, o que ha conseguido un móvil porque lo ha comprado a un ladrón. Eso es lo que hay, y todavía nos asombramos de nuestra clase política. Lo siento, pero nuestros políticos son un reflejo de nuestra sociedad. Eso es España, y por eso, ser un honesto emprendedor aquí es muy duro.